Mi foto
Vuelo desesperada por las galaxias infinitas de mí.

miércoles, 3 de julio de 2013

Estoy...

Estoy confusa... histérica.
Estoy sin ánimos, sin ganas.
Estoy triste, desolada.
Estoy cansada, estoy virgen.
Estoy sin querer, y estoy queriendo.
Estoy celosa, estoy molesta.
Estoy enfadada, estoy llorando.
Estoy que no quiero estar....







Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,

mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,

beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,

dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

Lope

lunes, 1 de julio de 2013

Ella se llama Cat

He conocido a una chica.
No sé cómo es físicamente... pero siento que es pequeña en un mundo de mayores. Es sonriente, alegre, viva, emotiva, suave, cordial. Tiene un corazón tremendamente grande, tanto diría yo, que casi puede llenar el mío. Me la imagino preciosa... con ojos brillantes, cual estrella cautivando silenciosa un mundo como este; una boca tan dulce, como las lágrimas que lloran de su interior; y una piel blanca, cual princesa que todavía no cree que es.
Ésta no conoce a Edsi... quizás pueda ser para ella una mota de polvo al que sopla esperando en la claridad al tiempo, que inexorablemente terminará con su cuerpo. He pensado mucho acerca del nombre que quizá pueda corresponderte,
yo... te llamaré Sara. Sara como la princesa que salvajemente se castiga. El dolor que acompaña a mi chica es profundo, es seco, es cruel. El dolor de mi chica puede con ella, puede con su consciencia, puede con su vida. La princesa, mi princesa... solo encuentra la felicidad manchando su cuerpo de sangre.
Corta tan cuidadosamente su tez, que la delicadeza de su alma termina también rota. Autolesionándose siente una felicidad efímera, quedando esta mostrada en su piel.
No presenta al mundo sus cortes, ni sabe si quiera qué es la felicidad. El dolor ciega a Sara.
Como yo, la princesa muestra una máscara. Sonríe cuando llora, y cuando llora sonríe.
Nunca supe qué le pasó... nunca supe el motivo de su infelicidad. Pero la princesa que no sabe quién es, que desconfía de ella, que la inseguridad y las pesadillas forman su vida... muere poco a poco en cada herida descosida de su blancura. Me dice que no puede evitarlo, que no quiere confiar, que es lo único que tiene...

Sara, todo puede cambiar si estás dispuesto a ello. Mira a tu alrededor, observa lo que tienes. Se pueden apreciar tantas cosas en el día a día... pide ayuda, tienes muchos apoyos, y todos y cada uno de nosotros queremos tu verdadera felicidad. Eres una chica preciosa... intenta quererte a ti misma, sé que es muy difícil.. que a veces te pierdes... pero te pido que confíes, que muestres el terror que conforma tu vida y que sobretodo sientas que no estás sola. Cambia los cortes por una radiante sonrisa de princesa. Princesa que no crees que eres, pero que siempre serás.

domingo, 30 de junio de 2013

Yo, y lo que siento

No es que el enorme muro de hielo se estuviese construyendo,
sino que ya estaba allí, posado fuerte sobre sus ojos. Era imposible atravesarlo, era imposible juzgarlo de fuera. Así fue como jamás pude penetrar mis pupilas en él, así fue como se alejó de mi alma.
Un gran dolor se clavó en mi, como se clavan cientos de agujas al coser. Y descosiéndose fueron las heridas que sanadas estuvieron algún día. Se fue despertando en mi la furia jamás conocida. Llovía en mis ojos, llovía en mi. Mi cuerpo mojado, era un triste esperpento sin lugar al que ir. Lo había perdido todo, se me fue la inteligencia, quedé una muñeca repelente y repelía todo el cariño que ajeno ya quedaba en mi.

-¡Oh!... vuelve a mi. Entrégame la vida.- Solía decir la princesa que muerta quedó. Destrozó su cuerpo golpeando el dique helado que cubría los ojos de él. Y abandonándose a sí misma, la muñeca quedó dormida a los pies de la gran pupila helada de Jack...
Y siempre llovía. Porque nunca paró de llover.